Semanario Descierto
Quinta Edición del Presupuesto Creces

*Apuesta por reelegir a diputados federales

*Pese a que poco o nada hicieron por la entidad

*Su lealtad y compromiso no es con los ciudadanos sino con la 4T


Por Gustavo Valenzuela

Morena en Sonora parece dispuesto a asumir un riesgo político importante: reelegir a buena parte de sus diputados federales, pese a que varios llegan al final de su periodo sin demasiados resultados que presumir ante la sociedad sonorense.

El problema no es solamente que quieran repetir en el cargo. El verdadero cuestionamiento es qué hicieron durante estos años y a quién representaron desde la Cámara de Diputados.

Para muchos sonorenses, su desempeño se redujo a respaldar prácticamente sin cuestionamientos las decisiones de la presidenta Claudia Sheinbaum y, antes, las de Andrés Manuel López Obrador. Su lealtad a la llamada Cuarta Transformación ha sido evidente, pero queda la duda de dónde quedó el compromiso con los ciudadanos que les dieron el voto.

¿Dónde estuvieron cuando había que defender a Sonora?

¿Dónde estuvieron cuando los hospitales enfrentaron carencias, cuando las carreteras se deterioraron, cuando la inseguridad golpeó a las familias o cuando las desapariciones dejaron hogares destrozados?

Ahí está el verdadero problema.

Diputados como Manuel de Jesús Baldenebro, exmilitante priista y político de larga trayectoria, son señalados por sus críticos de mantener una presencia limitada en su distrito. Y no es el único caso.

También aparecen nombres como Dato Protegido y Jesús Pujols, entre otros, que han encontrado en las becas y pensiones del Bienestar un discurso recurrente para presumir resultados.

Pero entregar o gestionar programas sociales no puede ser la única carta de presentación de un legislador federal.

Un diputado tiene otra responsabilidad: legislar, fiscalizar, gestionar recursos y levantar la voz cuando las decisiones del Gobierno afectan a su estado.

Resulta difícil explicar a los ciudadanos que un diputado trabaja por ellos cuando prácticamente no se le escucha cuestionar una iniciativa presidencial, proponer soluciones para el sector salud, exigir mejores condiciones educativas o reclamar recursos para la infraestructura carretera.

La obediencia partidista parece haber sustituido a la representación popular.
Y eso puede tener consecuencias.

Porque cuando lleguen nuevamente a las calles a tocar puertas, a saludar vecinos, a tomarse fotografías, abrazar niños y adultos mayores o repartir una despensa, habrá que preguntarles dónde estuvieron durante los años anteriores.

El voto no debería comprarse con una despensa, una fotografía o un abrazo.
El ciudadano merece algo más.

Merece representantes que defiendan sus intereses incluso cuando hacerlo implique incomodar al poder.

Porque mientras algunos políticos presumen programas sociales, en Sonora siguen existiendo familias que enfrentan hospitales con carencias, carreteras deterioradas, problemas de seguridad y desapariciones que parecen no encontrar respuesta suficiente de las autoridades.

Por eso, la eventual reelección de estos legisladores deberá ser evaluada con cuidado por el electorado sonorense.

No se trata de votar por Morena, PAN, PRI, Movimiento Ciudadano o cualquier otro partido. Se trata de revisar quién trabajó y quién simplemente levantó la mano.

La reelección debería ser un premio al desempeño, no un cheque en blanco otorgado por una estructura partidista.

Si Morena decide apostar nuevamente por los mismos rostros, también tendrá que asumir el costo de lo que sus diputados han hecho —o dejado de hacer— durante estos años.

Porque mantener en el Congreso a legisladores que no representan realmente a sus distritos podría significar más rezago, más deterioro y menos voz para Sonora.

Y entonces la pregunta quedará en manos de los ciudadanos:
¿Merecen otros tres años quienes hoy no han demostrado que merecen continuar?

Al final, serán las urnas las que tengan la última palabra.